Por los años cincuenta
Es ese instante de levedad,
los ojos ya en otro lado.
Como una secuencia,
de los años cincuenta.
Veo la playa y una familia jugando,
no, no hay sonido, solo imagen.
El tac tac tac de la máquina.
Son felices, estás unidos.
Todo se ve como si estuviera acelerado,
pero es solo porque se ve a saltos.
Y esos niños ya son viejos.
Y esos padres ya están muertos.
Pero yo los miro, ellos sonríen.
¿Cómo puede ser verdad?
Así de rápido, tan fuerte,
tan brutalmente violento.
Me dan arcadas que sacuden mi cuerpo,
siento como escupo por cada orificio.
Con los ojos reventados de furor.
Me humilla perderme así.
El asco de haber comido una fruta de gusanos.
Y haberme dado cuenta veinte años después.
Es cuando veo la mirada del mundo.
Tan veloz perder la inocencia.
Pisamos la tierra de gente muerta,
respiramos el aire de gente muerta.
Hasta mi ropa es de los muertos.
También nuestras formas.
Se me pierden los ojos en los brillos.
La calma del mar, si se mira en silencio.
El vuelo tranquilo y calmo,
de una gaviota camino a puerto.
Pienso en todos los caminos,
que recorrimos y recorreremos,
pienso en Alejandro Magno.
En Cleopatra de los Lágidas.
La gloria de Ciro el Grande,
o la redención de Aquiles.
En los siempre desconocidos,
abuelos de mis abuelos.
¿Qué importarán ahora
cómo eran ellos?
Sus creencias y gustos,
sus tiempos, sus miedos.
Sin importar más que la vida,
de las frutas que como cada día.
Son menos que cuentos e historias.
Son la anteposición del presente.
No han muerto una sola vez,
mueren cada vez que no son.
No son ni ahora, ni mañana.
Cada vez que algo pasa.
Dos veces y más nos hemos propuesto,
olvidarnos de ellos, de nosotros, de mi.
Cambiar el tema y seguir adelante.
No conversar más con la vida.
Y aún así acá estaremos todavía.
Con la mirada perdida, en un viejo film.
Acerca de una lejana y tristemente feliz,
familia jugando en una playa…
… por los años cincuenta.
Dejar un comentario
¡Sea el primero en comentar!